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François Périer |
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François Périer era el actor que estrenaba las obras de Sartre, interpretó más de 100 películas, trabajó con Fellini y Cocteau y fue Salieri en "Amadeus". Nació y murió en Paris (1919-29/06/2002). Falleció después de 10 años de enfermedad que habían ido apartándole progresivamente de la pantalla o el escenario. Nunca fue ni quiso ser "una estrella", a pesar de que protagonizó o intervino en más de 100 filmes y estrenó obras tan importantes como Les mains sales (Las manos sucias, 1948) o Les séquestrés d'Altona (Los secuestrados de Altona, 1959), de Jean-Paul Sartre. "Si Louis Jouvet fue mi maestro como actor, Sartre fue mi maestro para la vida", solía decir Périer.
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silueta para incorporarle al universo glacial y nocturno de sus gánsters en Le samurai (1967) y Le cercle rouge (1970). La televisión le dio la oportunidad de ampliar su bulimia profesional -más de 10.000 funciones teatrales- y encarnar a un popular inspector que llevaba su nombre de pila, o al cardenal Mazarino. La radio y el disco sacaron un gran provecho de su voz profunda y de dicción clara. "No soy lo bastante guapo para interpretar Britannicus, Don Juan o Lorenzaccio, pero la radio me ha ofrecido el placer de los papeles que se me habrían escapado por mi físico", decia. Claude Chabrol -en Madame Bovary (1990)- le pidió que fuese el narrador de la historia; Gerard Depardieu lo que quiso para que le ayudase en su debut como director de cine en Tartuffe (1984), un molière que Périer había interpretado en el escenario decenas de oportunidades, pero su última gran imagen como actor formidable puede que sea la que ofreció como protagonista de Muerte de un viajante, una obra y un personaje de Arthur Miller que, en 1984 y 1987, le iban como anillo al dedo. O quizá sea mejor recordarle como el amargado Salieri de Amadeus... Corpulento, de cejas espesas, el pelo casi siempre peinado hacia atrás y controlado a base de fijador, François Périer escribió un libro de recuerdos -Profession: menteur (Profesión: mentiroso 1990)- en el que evoca un oficio que le llevó a pensar: "Cuando no interpreto, vivo en un entreacto". Octavi Martí. París. El País 30/06/02 |
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Resolución recomendada 800 x 600 |
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© Manuel Cuadros Revelles - 2002 |
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